Robinson Canó, el ancla de la ofensiva de Mets

El dominicano Robinson Canó tiene 36 años y viene de una suspensión que le quitó media temporada, le hizo gran daño a su reputación y le puso fin a su carrera con los Marineros de Seattle, que en su momento le dieron un contrato de US$10 millones y US$240 millones. Ahora está de vuelta en Nueva York, donde empezó su carrera con los Yankees, jugando segunda base para los Mets. Sólo con ponerse el uniforme, incluso a su edad y aun tomando en cuenta lo que le pasó en el 2018, es de los mejores toleteros que han tenido los Mets.

Por supuesto que los Mets han tenido buenos bateadores. Pero siempre se les ha conocido más por su pitcheo, desde Seaver hasta Gooden hasta Jacob deGrom. Darryl Strawberry fue un espectáculo cuando era joven. Mike Piazza tuvo tremendos años en Shea Stadium y también el puertorriqueño Carlos Beltrán. David Wright, antes de que su cuerpo lo traicionara, iba a camino a convertirse en uno de los mejores.

Ahora los Mets del 2019 están armando su orden ofensivo alrededor de Canó, que si está cerca de ser el bateador que fue, hará las cosas más fáciles para todo el mundo en el lineup. Y mejorará a su equipo de pelota.

“Es uno de esos tipos”, dijo una vez Buck Showalter sobre Canó cuando todavía estaba en los Yankees. “Cerca del sexto inning de un juego cerrado, empiezas a preguntarte cuando viene a batear en el octavo o el noveno”.

Por eso es que Canó está de regreso en Nueva York, bateando de tercero para el manager Mickey Callaway. Canó está allí para hacer más fuerte la ofensiva, para hacer de Michael Conforto y de Jeff McNeil y del dominicano Amed Rosario y Pete Alonso y de todos ellos mejores toleteros. Lo que hizo en el Día Inaugural, con ese jonrón en su primer turno con los Mets, no garantiza que es el mismo bateador que pegó 39 jonrones y empujó 103 carreras para los Marineros en el 2016. No significa que es el mismo tipo que ha bateado .300 o mejor nueve veces en su carrera y que una vez fletó 118 rayitas para los Yankees.

Pero insistimos en que los Mets han tenido pocos cañoneros así. Ha habido pocos toleteros zurdos como en él en la historia de la franquicia. Después de una temporada en la que los Mets no pudieron batear, el nuevo gerente general Brodie Van Wagenen salió y buscó a alguien que ya había bateado en Nueva York antes.

Joe Torre era el manager de Canó cuando subió por primera vez a las Grandes Ligas en el 2005. Ese año bateó .297 en 132 juegos. El siguiente ligó .342 con 15 jonrones y 78 empujadas. En el 2007 bateó 19 jonrones con 97 fletadas y .306 de promedio.

El otro día le pregunté a Torre dónde ubicaría a Canó entre los mejores bateadores naturales que vio como manager.

Torre: “Bien alto. Para mí, es muy similar a Roberto Alomar”.

El puertorriqueño Alomar, por supuesto, es uno de los mejores camareros de todos los tiempos y desde el 2011 está en el Salón de la Fama.

En cuanto a los Mets y sus bateadores jóvenes, lo único que tienen que hacer es ver cuál es el plan de ataque de Canó en el plato, verlo usar todo el terreno, verlo aprovechar lo que sea que el pitcher le lance de la forma en la que lo ha hecho durante toda su carrera. Batear dependiendo de la situación, suelen decirle, y eso es lo que siempre ha hecho Canó, hasta que hizo esa tontería el año pasado para causarle esa mancha a su reputación.

Ahora tendrá una segunda oportunidad con los Mets, otro segundo chance en Nueva York. Ya veremos cómo lo aprovecha desde el medio del lineup de los Mets. Hay otros que podían batear como él en la historia de los Mets, pero no muchos. Esta segunda oportunidad que está recibiendo en la Gran Manzana es para demostrar que sigue siendo uno de esos cañoneros.

Mike Lupica es columnista de MLB.com.

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