La serena vida de ‘Pambelé’ a los 70 años

Solo algunos de los habitantes que han cumplido medio siglo de edad saben dónde queda la finca La Mancandona, en Turbaco, el municipio que parece el balcón de Cartagena de Indias. Pero si usted pregunta dónde vive ‘Kid Pambelé’, jóvenes y adultos, todos por igual, dan las instrucciones precisas desde la vía Troncal de Occidente alargando un brazo: cruce por aquella a la izquierda y por la calle medio ancha hacia la derecha. A unos 300 metros, a mano derecha, encontrará la casa pintada de verde y amarillo.

“Casi nadie se acuerda o sabe de ese nombre”, nos dice Carlina, la esposa de Antonio Cervantes, que atiende en la amplia terraza de la casa a dos visitantes. “Todo el mundo conoce a este lugar como la finca de ‘Kid Pambelé’ ”, agrega la mujer que hace 35 años vive allí con su pareja, el excampeón del peso wélter júnior de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) que en aquel entonces recibió la propiedad como parte de pago de una deuda que tenía su apoderado, el venezolano Ramiro Machado.

La casa, de unos 700 metros cuadrados, está cerca de la entrada del terreno de una hectárea. La reja de hierro, pintada de rojo que en parte deja ver el amarillo del óxido, podría impedir el ingreso de los extraños. Pero siempre permanece sin seguro. “Esto por aquí es tranquilo”, sostiene Carlina. “Y en caso de algún intruso, los perros alertan”.

Ella dice que hay tantos perros como gente (viven 12 personas) en la finca. Tres canes están en la mañana de este lunes 14 de diciembre en el kiosko tropical con techo de paja ubicado delante de la casa, al lado de la construcción de una parrillada para asados. Dos permanecen en la terraza, a pocos pasos de nosotros. Y el resto están al fondo de la propiedad, donde José Luis –el mayor de tres hijos de ‘Pambelé’ y Carlina– tiene una cría de cerca de 100 cerdos que vende vivos o sacrificados.

“A Antonio no le gusta ir allá al fondo, porque le molesta el olor”, dice Carlina, una mujer de San Cristóbal (Bolívar) que conoció a su esposo hace 45 años, cuando ambos vivían en Caracas y una amiga se lo presentó como una persona especial. “Él permanece casi todo el tiempo en la casa: sentado acá en la terraza o viendo televisión en el cuarto o en la sala… Así es su vida ahora que llega a los 70 años (nació el 23 de diciembre de 1945)”.

Casi siempre en casa

Así transcurre, desde hace cinco años, la vida del mejor deportista colombiano del siglo XX, que labró ese logro entre 1972 y 1980, al pasearse por tres continentes como el mejor 140 libras del mundo: con dos reinados, 18 triunfos mundiales, diferentes marcas (una vigente que comparte con el mexicano Julio César Chávez) y el honor de haber sido elegido, en 1973, el mejor boxeador de la tierra, libra por libra, según la AMB. Además del título que jamás podrá alguien igualar o menos superar: el del ‘hombre que enseñó a ganar a los colombianos’.

Las tres décadas de escándalos públicos, debido al consumo de alcohol y drogas, esa etapa que desdibujó su don de gente y excelente conducta –la de todo un caballero, dentro y fuera del ring– quedó atrás. Sin embargo, Carlina está pendiente de no soltarlo y dejarlo caer en manos de la tentación, del mal camino.

‘Pambelé’ casi no va al centro de Turbaco, y si tiene que buscar el dinero de la pensión o las medicinas, a Cartagena, que queda a unos 15 minutos de allí, sale siempre acompañado de su hijo José Luis, convertido en el ‘ángel guardián’ exterior del excampeón mundial. El ‘ángel interior’, el de las cuatro paredes de la casa, es Carlina.

“Si no está José Luis, no lo dejó nunca solo. Si Dios me tiene con él es para cuidarlo. Él es una persona enferma”, afirma la esposa, que el año pasado se molestó con un primo de él porque llevó el 23 de diciembre, para festejar el cumpleaños número 69, una botella de whisky y se instaló en el kiosko.

“Pedí por la sangre de Cristo que se llevaran esa botella”, confiesa Carlina, cristiana evangélica que cree que el excampeón se tomó sus tragos porque lo vio ansioso y con ganas de irse al centro de Turbaco. “¡No seas sinvergüenza, Antonio Cervantes Reyes!”, le gritó. Y él, que sabe que ella cuando está rabiosa lo llama así, prefirió quedarse en casa.

El ‘pechiche’ de Carlina

Carlina lo consiente y sostiene que si no se hace eso con el jefe de la casa, entonces con quién. Y ese ‘pechiche’ va de manera directa con la alimentación. Siempre se le pregunta lo que desea comer.

Prefiere desayunar con chocolate, huevos revueltos, pan y patacón. Almorzar con sopa de ‘lagarto’ (expresión venezolana para llamar la carne de res de jarrete), papa y verduras o con pescado (mojarra, filete de cualquier especie o bocachico). Y en la cena, queso con papas o patacón. Mucho jugo de tomate de árbol, papaya, piña, pero nada de mora. También bastante agua de panela, con mucho hielo.

La dosis de medicinas bajó, hace 22 días, de tres a una tanda diaria,cada vez de tres pastillas que controlan, entre otros aspectos, la ansiedad. La primera caja tuvo que comprarla, porque Coomeva EPS no la tenía. Por estos días tiene pendiente realizarse un TAC, aunque en la última oportunidad en que iban a someterlo a uno, dijo que no se metía en esa cápsula.

“Desde que se levanta, a las 6 de la mañana, prende el televisor… A veces veo que se queda dormido, entonces apago el televisor. Enseguida se despierta y, molesto, pregunta: ‘¿por qué me lo apagas’. Ve mucho noticiero y el boxeo que ustedes presentan en Telecaribe. Y está enterado de todo. Anda molesto con Maduro (Nicolás, el presidente de Venezuela) por la manera como maneja el país y el trato a los colombianos”, cuenta Carlina.

La esposa se sorprende porque con tantos años en el mal camino y su memoria está intacta. “Para probarlo, yo le digo alguna cosa y él me echa el cuento completo, con detalles. Es impresionante”. El tiempo también lo comparte con los seis nietos que viven con ellos, los hijos de sus hijos, José Luis y Rubén, aunque también llegan los de Lucy, que pasan buen rato en la casa-finca. A ellos les cambian los balones y juguetes cuando están en mal estado.

Los nietos que viven con él o los que visitan la finca de Turbaco le sacan con facilidad sonrisas al legendario ‘Kid Pameblé’.

Carlina invita a pasar al interior de la casa, donde la sala y el comedor estilo Luis XV prevalecen. En las paredes blancas hay fotos de su carrera deportiva. Fotos que pasarán dentro de poco a un estudio del apartamento contiguo –con la misma entrada a la casa– que acaban de construir, y que consta de tres habitaciones, dos baños, cocina y cuarto-bodega, exclusivo de los esposos.

Al regresar a la terraza y pasar por la cocina de la casa, el olor a espagueti y carne molida se percibe. Ese es el plato del almuerzo que pidió el excampeón para el día. Carlina, que jamás lo vio combatir en vivo, nos deja por un rato. Va a ver si el exboxeador sigue dormido. Descansa desde antes de 10:17 de la mañana, hora en que llegamos. A los tres minutos, ella regresa. “Ya viene ‘Ovejita’ ”, nos dice, aclarando que así llamaba Ceferina Reyes a su hijo ‘Pambelé’.

Hombre de TV

Casi al instante aparece ‘Pambelé’, en bermuda gris, chancletas y la camiseta amarilla de la Selección Colombia de fútbol. Llega sonriente y nos abraza. “Estaba acostado porque tengo un dolor de cabeza molestoso”, dice. Y comienza a preguntar por la gente: Édgar Perea, Fabio Poveda júnior, Pacho Piña, Jorge Humberto Klee, Alberto Agámez, Hugo Illera, Mike Fajardo, Édgar Rentería…

Pregunta: “¿No te parece que Alexis Mendoza está haciendo bien las cosas con Junior? Creo que va a ser campeón”. Habla de la Serie Mundial de Grandes Ligas, que él iba por Kansas City. Cree que Manny Pacquiao le ganó a Floyd Mayweather y no entiende por qué a la Selección de fútbol de Colombia le está yendo mal si “los pelaos juegan bien en sus equipos en el exterior”.

Le cuento lo que ha dicho Carlina. “Todo es verdad”, asegura. Dice que se acuesta a las 9 de la noche, con el televisor prendido, viendo, en sus propias palabras, “la vaina jodida de Venezuela”, donde viven cuatro o cinco –no sabe con precisión– de sus 11 hijos.

Narra con calma, sin apuros, que la última ocasión en que fue hasta su natal San Basilio de Palenque estuvo acompañando al gobernador de Bolívar, Juan Carlos Gossaín, por la estatua con su figura que levantaron en el pueblo de negros cimarrones.

Un motocarro pasa por la parte central de la casa-finca y el conductor grita: “¡Pambelé!”. El exdeportista responde levantando la mano derecha. Y de inmediato suelta una sonrisa amplia y franca cuando le digo que llegó a los 70 y que en el 2012 me dijo que esperaba que Dios lo ayude a llegar por lo menos hasta los 80, luego de 30 de mala vida callejera.

Al rato, sin atender la recomendación de Carlina de que nadie se acercara al abuelo porque estaba ocupado, llegó Sarita, de 6 años e hija de Rubén, con un amiguito. Ella, ya lo había advertido Carlina, tiene unas palabras mágicas que pronuncia con gracia. Y no se intimida ante la presencia de los extraños.

–Abuelo, dame una moneda…

Y la gloria del deporte mundial, el hombre que hoy cumple 70 años, deja la seriedad y suelta una carcajada de felicidad que debió escucharse más allá de la finca La Mancandona, la finca que todos hoy conocen como la de ‘Pambele

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