Huracán y su historia de lucha: le escapa a las tragedias

Huracán es reconocido por sus equipos de juego fino con los que ganó y peleó títulos. También tiene una historia dominada por momentos difíciles a los que se suma su más reciente accidente en Venezuela.

Claro que Huracán tiene alegrías, al fin y al cabo es un equipo de fútbol. Sabe lo que es ser campeón con el fútbol que le gusta a la gente. Toque, pelota al piso, con un medio campo que le pintaba la cara y delanteros que dejaban dibujados a los rivales. Con esa generación que dio la vuelta olímpica en 1973, César Luis Menotti hizo su entrada al fútbol grande como entrenador. Durante 41 años, ese título del fútbol argentino le ganó el pulso a la nostalgia que lo quiso convertir en recuerdo antes de tiempo. Porque para el hincha de Huracán la verdad del fútbol está ahí. En Brindisi, Larrosa, Houseman, Babington, en esos muchachos por los que vale la pena celebrar a “El Globo”

Pero resistir es lo que mejor lo representa. «Me emociona ser hincha de El Globo, no me duele ser hincha de Huracán, la gente piensa que ser hincha de este equipo es ser un hincha sufrido. Ser hincha de Huracán es mágico, es tener todo el día a mi viejo de la mano”, explica el periodista argentino Adrian Magnoli que sigue al equipo desde Bogotá.

Finales perdidas sobre el final, temporadas eternas en el descenso, administraciones devastadoras, éxodo de figuras en su mejor momento. Y ahora terror en la carretera. Con el festejo por la remontada en la Copa Libertadores con 10 jugadores bajo el dominio del Caracas aun fresco, el bus que los lleva al aeropuerto de la capital venezolana para su regreso a Buenos Aires pierde los frenos. “Nos íbamos al abismo”, relató el goleador Ramón Ábila.

Así es en Huracán. En 1994 disputó el último partido como puntero del torneo. Un empate frente a Independiente en Avellaneda le daba el título. La esperanza de ganar la rompió ese Independiente que encima tenía a Miguel Brindisi, uno de sus hijos, como técnico. Fue 4-0. Sin piedad.

Cinco años más tarde la fe estaba puesta en no descender. El diario Clarín recordó que “en 1999 su economía distaba de ser comprometedora. Pasó el tiempo. Los desatinos dirigenciales hicieron que llegara al final del milenio con tres heridas: la futbolística, la institucional y la económica”. Con ese presente lapidario consumó su segundo descenso en 90 años de fundación.

En 2000 volvió a la primera división. Lucho González, Daniel “Rolfi” Montenegro lo hicieron posible. Tres temporadas después bajó otra vez a la B. «Si nos vamos al descenso, no vamos a llorar, el domingo tenemos que ganar», cantó con resignación su hinchada que lo acompañó en dos oportunidades en series de promoción de ascenso que perdió.

En 2009 retomó sus raíces con las que peleó el título de la máxima categoría. Plantó la bandera del tiqui tiqui. Mario Bolatti, Javier Pastore, Matías De Federico, Patricio Toranzo, llevaron a la cancha una de las mejores expresiones de juego colectivo que ideó el técnico Angel Cappa. Llegaron a la final frente a Vélez Sarsfield. A siete minutos del final, el empate 0-0 lo coronaba como el mejor. Pero otro de sus hijos, Joaquín Larrivey hincha declarado y formado en sus inferiores, le arrebató la Copa con un gol polémico con falta previa incluida. “Jugaron dos campeones, pero sólo puede haber un ganador”, celebró la prensa local su título moral.

El ciclo de desgracias futboleras se repitió pronto. El grupo del tiqui tiqui se desmanteló. La ruleta se posó en el descenso en 2011. Lo sufrió hasta 2014 cuando metió un doblete de campeón de Copa Argentina y cupo a la primera división. Siguió de largo con el título de la Supercopa Argentina ante River Plate, al que después eliminó de la Copa Sudamericana. Con la final en la mano se enfrentó a Independiente Santa Fe. Aguantó la altura, la presión del local en El Campín, pero se fundió en los penales.

Este año lo comenzó con una victoria en su casa frente a Caracas por la primera fase de la Copa Libertadores. En la vuelta en Venezuela, la pasaba mal. 2-0 en contra, un jugador expulsado. En tiempo extra a los 92’ Toranzo metió un pase largo a la línea de fondo para Miralles que lanzó el centro que conectó Mendoza en el segundo palo. Ese gol le dio el paso a la fase de grupo y le aseguró un botín de 1,8 millones de dólares por participar de esa ronda.

“El amor propio es admirable”, el elogio con el que el técnico Eduardo Domínguez festejó la victoria que apenas duró. Esas palabras las reemplazaron sentencias que producen escalofríos.“Volvimos a vivir”. “Es un milagro”. “La sacamos barata”, explicaron directivos y jugadores tras el accidente en la autopista que los llevaba al aeropuerto.

Huracán sufre. Pero se sabe que también tiene alegrías.

ENRIQUE DELGADO BEJARANO

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