Carlos Mina: De mendigar en las calles al ring olímpico

Se ganaba unas monedas cantando en los autobuses de Guayaquil (Ecuador). Hoy, el púgil sudamericano ya está en octavos del peso semipesado.

Guayaquil, verano de 1997. El ‘omnibús’, como allí se le conoce, está a rebosar. La gente acaba de salir de trabajar. Vuelven a casa, después de una jornada de trabajo.El calor es asfixiante en la calle, son las tres de la tarde y el termómetro marca casi 40º centígrados. La sombra escasea. Sobrevivir ahí fuera es casi una utopía. La gente busca con desesperación sus relojes, incesantemente, sin descanso. El tiempo parece que se detiene, que está jugando con ellos. 

Desde hace un rato, el armatoste motorizado cuenta con un pasajero más. Un niño de unos 5 años que, con su dulce voz entona una suave melodía en la que nadie repara. La macabra partida que juega cada pasajero con su reloj es el centro de atención en ese momento. Preocupaciones del primer mundo.

Siempre hay algún alma caritativa que aprecia las bellezas que le ofrece el mundo. Y ese niño era una de ellas. Al bajar del bus el chico llevaba a cabo el recuento. Cogía el sombrerito de paja que utilizaba como cepillo y contaba las monedas que tenía. Las guardaba con cuidado y se iba a casa a entregárselas a su mamá. Esa era su vida, dura, pero al fin y al cabo, la suya.

Aquel chico se llamaba Carlos y durante mucho tiempo vivió así, recorriendo autobuses en lugar de escuelas. Contando monedas sin crear sus sueños. Pero en 2003 algo empezó a cambiar. Su familia se trasladó a Puerto Quito. Allí Carlos cambió su sombrerito por unos guantes y su mugrienta ropa por unos coloridos calzones.Carlos descubrió el boxeo.

Hoy, 13 años después, aquel pequeño que encandilaba a algún afortunado con su melódica voz es la gran esperanza de Ecuador en los Juegos Olímpicos de Río.Carlos Mina consiguió el pasado domingo su primera victoria en unos Juegos tras derrotar al alemán Serge Michel en primera ronda del peso semipesado.

Los tres jueces le dieron la victoria por decisión unánime. 29-28 en las tres tarjetas. Brazo arriba del árbitro y explosión de alegría del joven talento sudamericano. Su nombre ya figura en los octavos de final de unos Juegos. Aquel pequeño que se ganaba la vida mendigando por los autobuses de Guayaquil es hoy el ídolo de todo un país.

VÍCTOR RABANAL – AS.com

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